Éxtasis.

marwan

Sentía bailar en sus pétalos de pestañas al universo.

Sentía la inmensidad abarrotando garitos a las cuatro de la mañana,

el picar de puerta en puerta con la copa rota en las manos y luego echar a correr.

Como niños de la eternidad.

Niños en la adultez.

Sentía correr en sus venas caricias,

y desplazarse su centro de gravedad al justo lugar

en que su lengua humedecía su piel.

Sobre su ombligo.

O un poco

         más

          abajo.

Sentía ser otoño en cada vértebra,

La caída de sus huesos al placer en el beso que no llega

a la derrota entre el silencio de dos bocas.

Sentía la gravedad en sus pechos al descubierto.

La libertad de sentirse nacer

cada vez

que jugaban a vivirse desnudos.

Sentía, joder,

con la intensidad neonatal del que abre los ojos por primera vez

y le queda demasiado grande el mundo.

Él le decía estréchate y ven que te envuelva entre mis brazos

y sin saber cómo era posible se volvía enana,

y cabía en medio abrazo que duraba vida y media.

Y mientras tanto, los bares cerraban.

Y ellos tan ingenuos proclamaban

que en barra libre (se) vivían mejor.

Dándoselo todo.

Sin faltarles nada.

Sin pensar que cuánto más grande la fiesta

peor es la resaca.

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