23 de noviembre

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Ella es una bailarina en todas las pestañas de todo el que la mira.
Baila hasta caer rendida, es decir, siempre, porque nunca es vencida.
Tiene el gusto hasta en las plantas de sus pies. Camina como en un corto en blanco y negro, como extraída de una sesión de fotos, a cámara lenta, lo cotidiano en ella es glamour. Me imagino París en su abrazo, y sé que ella es todos los inviernos de los que nunca querría escapar. Verla correr en sus tacones es el mejor desfile de modelos de la historia.
Y camina rápido, camina sobre el papel fino, con cuidado de no encontrar un borde que la corte, pero ríe despreocupada y salta, y vibra como un corazón eufórico.
Anda como en el hielo frío y de puntillas, nunca sabes que está tan cerca de ti. Es la más impredecible de las casualidades que azota tu vida. Tienes que tener toda la suerte del mundo si te toca la lotería de vivir a su lado.
Tiene un silencio en el grito, que asusta a todo el que la haya escuchado. Calla y explota. Y es mortífera si te toca. Pero sana en un suspiro.
No te darás cuenta de que ha recorrido tu vida, que te ha descubierto hasta lo más frondoso. Que no eres ningún secreto para ella. Porque te tiende una mano muda, que te mece en la soledad. Y aparece cuando el pulso te tiembla. Es todo un pilar para otros, cuando todo en ella es inestabilidad.

Baila, y no puedo decir que sea el suyo un movimiento terrenal. Parece una muñeca descatalogada del mercado, el producto de un diseñador que rechaza lo convencional, que sabe que el exceso de perfección no se vende.
Porque es muy caro.
Sonríe, con los hoyuelos marcados y llenos de oro, y puedo ver toda mi infancia brillar en sus mejillas. Siempre tan niña, la niña que sin dejar de serlo se sabe mayor. Y lo hace creer a la perfección, pero en el fondo tiene un espíritu de infancia resentida.
Solo puedo decir que es magia, y que ningún polvo de hadas podría hacerte volar más que cuando te dejas llevar de su mano.
Tú, tan Campanilla.
Y es que no puedo definirla de otro modo que no sea verla como una pestaña fina en el ojo, sí, que a veces duele, porque se incrusta a ti pero a la vez es deseo.
Y yo deseo que se quede.
Que su baile junto a mí no tenga final, aunque muchas veces le diga que no me apetece bailar.

PD: (para una amiga especial)
Te digo felicidades a mi manera, mereces que alguien te sepa describir mejor, pero aquí está mi intento. Espero que te sientas identificada. Y me dejes seguir descubriéndote muchos más años. Te quiero.

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