Prototipo del hombre escudo

ego deflation

 

Camina maletín en mano, traje y corbata en cuerpo, uniformado y sin sonrisa.
Avanza firme hacia su destino.
Con aspavientos de ambos brazos, en un intento de alzar el vuelo a pesar de sus zapatos de cuero negro que pesan tres veces lo que él.
“Firme en la tierra”, anuncian. Mantenido. Arrastrado. Encadenado.
Y contesta a la realidad como un bucle repetitivo.
Cerrado en banda, como en alerta naranja por el posible contagio de mediocridad que ha proclamado su ego.
¿Pañuelos, tiene? No.
¿Hora? No.
¿Periódico quiere usted? No.
Deténganlo un momento que seguirá moviendo las piernas mientras lo sujetan por los brazos en el viento. Como un juguete de cuerda, hasta que queda sin ella.
Y seguirá contestando lo mismo.
¿Ayuda? ¿Cariño? ¿Respeto?
No. No. No.
A menudo se le olvidan las gracias.
Suéltenlo y avanzará chocando los hombros sin pedir perdón.
Venciendo obstáculos en las aceras. Personas.
Y creerá que está dirigiéndose hacia algún lado, cuando en realidad se mueve hacia la nada y bien solo.
Eso sí, muy elegante y con maletín.

Señor, ¿y vida quiere usted?
“No. De eso tampoco.
Vivir.
Que mediocridad.
Si todos lo hacen.”

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