Cuarto menguante

violencia

Golpe.
Su cabeza sobre su pecho. Su mano fuerte agarrando su mandíbula, la convicción con que decía que era suya mientras la abrazaba y presionaba sus muñecas contra la mesa. La prisión de esos dedos que prometían caricias.

Golpe.
Un bullicio ensordecedor. Palabras que se adentran en su piel, a la fuerza. El silencio en su garganta. Aprender a callar ante el frío de una mirada.

Golpe.
La persiana que los sume en la oscuridad mientras su piel desnuda baila sobre sus huesos. Ella, un cuerpo casi inerte, que la fuerza de sus brazos demuele. Un edificio agrietado que aún se tiene en pie. Hasta que lo derriban.

Golpe.
Abre los ojos y se da cuenta de que no es más que la gota del grifo de la cocina mal cerrado, que la hace recordar cada golpe que la ha moldeado. A ella que era piedra, a la que una lluvia incesante acabó desgastando.
Y ahora está empapada. Barnizada en lágrimas que la han hecho endurecerse.
Y se encoge, empequeñeciéndose como un cuarto menguante de luna.
Y se levanta. Y decide crecerse. Recuperar el ritmo de las estaciones, y que cese este invierno en el que acabó sumida…

Cerrar el grifo es solo el primer paso.

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2 pensamientos en “Cuarto menguante

  1. Luego de leer muchos de tus poemas, voy encontrando un patrón muy particular y es la forma en como cierras tus entradas…Me gusta. Es difícil de escribir pero llega y te punza, un tantito. Entonces, se acaba!

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