ACUERDO DE DESTRUCCIÓN

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Qué fue de nosotros que hablábamos de tormentas.

De ver pasar temporales por nuestra mirada sin que nunca nos dañaran.

Fuimos la lluvia fina que cae sin mojar,

pero que ambienta.

Fuimos el beso que filmó cualquier director para añadirlo a su película.

Y el guión que nos saltamos.
Siempre hablando de otras catástrofes

con la suerte de que ninguna pasara por encima de nosotros.

Viendo en el horizonte la claridad de todos los días,

hasta aburrirnos de tanto azul

viendo otros colores tan distantes.

Hasta decidir que queríamos ser la lluvia que empapa,

la huella que ensucia,

el beso que deja marca y carmín.

Ser algo, antes que nada.

A pesar de los daños.

Aceptando la guerra,

la ruptura de lo conocido,

para convertirnos en la tormenta de la que siempre habíamos hablado.

Y entonces salimos más heridos,

peor parados.
Más intensidad suele equivaler a más daños.

Y nosotros nunca acabamos.

Hasta destruirnos.

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3 pensamientos en “ACUERDO DE DESTRUCCIÓN

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