FRAGMENTO DE MI RELATO CORTO: EME (por el Día Internacional del Libro)

Con motivo del Día del libro me gustaría hacer algo especial.
No quería subir un poema porque verdaderamente yo empecé escribiendo prosa y es donde me suelo presentar y por lo que me han reconocido algo.
Así que he pensado en compartir mi último relato premiado del que hoy he recibido el premio, haciendo un año más este 23 de abril un poco más especial.
[Agradecería mucho vuestra opinión o me gusta para subir la siguiente parte del relato en otro post si os gusta]

 

EME

Eme se recoge el pelo frente al espejo.

El agua de la ducha corre, un hilillo que nace se desliza y muere esfumándose a través del sumidero.

Deja que la bañera se limpie del todo, que el agua fluya y también se limpie mientras que ella está sucia. Mirándose los ojos llenos de líneas rojas muy finas pero que se ven. El iris oscuro, manchado de tinta china como la que utiliza en sus dibujos. Se seca el lagrimal, como se secan los lienzos mojados en su habitación con el calor inexistente de este invierno, que sin embargo, nos consume.

El agua sigue a sus anchas y en el lavabo también corre un fino hilo trasparente.

Bebe de ese manantial.

Se moja las manos.

Se moja la cara, los brazos, las piernas.

Comienza su ritual de limpieza.

En cada gota la mugre se desliza por su piel, sale por cada poro, sale por cada lágrima.

Se dibuja sobre ella todo tipo de senderos y deja que resbale por su cuerpo como cristales ese éter en que ha convertido al agua: un exfoliante, una forma de sacar la basura que se acumula en su interior y la asfixia.

Está hasta arriba de todo: le aprietan una soga al cuello, una soga tan fina como ese hilo de agua que sale de ambos grifos. Y todos saben que cuanto más fino más corta.

Últimamente apenas respira. Se le escapa el aire antes de llegar a su garganta. Es una sustancia porosa, que despide basura por cada hueco de su piel, comida de ratón, roída por todos los huesos, abanico de insectos, hogar de gusanos, crisálida rota llena de miedo.

Siempre estuvo a punto de ser mariposa, pero le faltó la pureza.

Límpiate, joder.

Eme se frota los pies con la esponja y se desgasta los dedos que parecen menguar bajo el tejido suave y esa fuerza áspera que le inunda las manos.

Límpiate.

Y mueve con ahínco los brazos y frota con dureza y sigue sucia.

Eme resbala en el charco de agua cristalina que se forma bajo sus pies.

Y qué sucia está, y qué limpia sale el agua que se cuela entre los huecos de sus dedos.

Eme cierra los ojos y se deja caer en la bañera, sumergida en la pulcritud del agua. Su piel se vuelve líquida, su carne se vuelve acuosa, parece el dibujo de un buen artista. Papel, solo papel.

Su pelo negro ondea entre las moléculas. Parece un trozo de viento que se ha quedado atrapado en mitad de otro elemento. Un rebelde sin causa, sin rebelión, sin apoyo. Que se mueve porque sí, sin motivo, pero lleno de ímpetu.

Y flota. No se ahoga como siempre, pero se queda sin respiración. Y sale a flote, aunque para ella levantar cabeza le resulta más naufragio: ahora su mechón está marchito y no vuela. Se ha desvivido, se ha hecho poro, y se ha escapado toda esencia.

Ella quiere ser viento, un poco de pintura, un poco de cielo.

Pero no lo que es.

Eme se mira y se recoge el pelo en el espejo y se grita sin apenas aire en los pulmones y mucha agua en el pecho.

¿Qué eres?

 

 

 

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