La casa fría.


Mamá.
He llenado mi habitación
antes de marchar quería entablar relación con el caos
y besar la luz.
Así he subido las persianas y he dejado todo tal y como estaba
en la estabilidad propia del desorden
para que la ausencia se adueñe de las cosas
y el tiempo se sienta impotente no pudiendo devolverlas a su lugar.
Es una manera de marcar mi territorio, mamá,
y de no irse del todo.
He cruzado la verja y he oxidado al hierro en una bocanada
de aire fresco y mi último aliento tomado en nuestra casa
vacía.
Ahora el frío es solo tuyo.

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