Esquela

Ya no recuerdas, amor,

que como el calor has desordenado al invierno

y has regresado la sangre

el rubor a las mejillas de un cadáver

que frío espera en su ataúd la despedida.
Ya no recuerdas 

que el caos alguna vez llevo tu nombre 

y vibró en mis labios

como vibra el corazón en su último latido perdiendo el control

poco a poco 

la distensión previa al rigor mortis,

la regresión del verano

el invierno inyectado en vena.

Perpetua contracción.
Aún estás a tiempo de escuchar

la última exaltación de este cuerpo,

la conmoción del tímpano

bajo el susurro necrosado,

la fidelidad de esta barbilla conducida por tus dedos.

El crujir de este cuello 

que estúpido se disloca por seguirte.

Yace la piel y no muda la serpiente.

Cuerpo para siempre encerrado en su cáscara.

Ya no recuerdas la causa, 

pero sabes que eres la culpa.
Aún estás a tiempo para pedir perdón por los muertos

que llevan tu nombre.

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