La guerra en casa.

Al grito de guerra, despiertan los soltados. Dispuestos a enfrentar un nuevo día.
Pero que duro es vestirse, coger las armas y salir de casa para hacer la guerra en otros lugares.
Cada uno, luchando en su propio campo de batalla, que son muchos y muy diferentes, para
luego llegar a casa y que todos estando ya armados comiencen a combatirse.
A la mínima estalla la guerra.

Todo conflictos, y llantos.

No siempre se pueden ganar todas las guerras. Y menos esta – me digo.
Cuán cruda es, y cuán molesta, no te permite dar un respiro sin soltar el puñal.
Que solo estás, sin que nadie mire por ti, porque si te miran ven a una fiera.
Que larga, porque nunca acaba.
Porque si acabara, no te quedaría hogar al que volver.
Todos los oponentes son de la misma familia. Pero cada guerrero lleva su propio escudo.
Y la furia de otras batallas la descargan en esta.
Los problemas de fuera se inmiscuyen, y nos hacen gritar más alto y con más fuerza. La única
paz que pedimos al unísono es un respiro y que alguien nos entienda.
Pero pocas veces alguien cede en esta guerra.
Que frío, cuando pierdes todo abrigo en la batalla.
Que cruda y qué tristeza, cuando se aúnan en ella todas las disputas individuales y comienza
en el hogar la batalla, lo que yo llamo la guerra en casa.

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