Pompeya

Ni el Vesubio hubiera sido tal espectáculo.

De lo único que estoy segura ahora mismo es de que si pronuncias mi nombre saldré corriendo.

Cómo una alerta de incendios, tu voz.

Como un redoble de tambores, tu voz.

Cómo un árbol cayendo, tu voz.

Los animales nerviosos te aúllan y migran.

Lo sienten.

Que como un grito, como el desgarre de una piel

vas a pedir auxilio con mi nombre.

Con la tenacidad de Vulcano, moldeando tu armadura.

Y yo, voy a estar al pie del volcán.

Huyendo en dirección contraria al miedo.

Para yacer en la erupción de tus conflictos.

Veo el caos de Pompeya en tus ojos.

Justo 

antes

del terremoto.

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