Anestesia local.

Roza mis zonas muertas con la vida que desprenden tus manos,

que -a veces- también matan.

Has vuelto.

Cómo la infancia a un adolescente

desorientado.

A devolverme los años que no pasan en balde.

A las propuestas que juegan

con la relatividad del tiempo.

Hoy será de corto el día lo que dure un pestañeo. Tuyo.

Pero tus ojos atentos no descarrilan

ante los desvíos de mis miradas.

Has vuelto.

Como el asfalto a las rodillas

como caer de bruces y dar

con el canto de tu recuerdo.

Yacer sobre la afilada punta del deseo

y que la hoja de tu ausencia

en esos días en que tú no fuistes tú

se retuerza entre mis vísceras.
Ahora que has vuelto

podrás sostener la espada

en mi vientre

constreñir la herida

compungido ante la belleza

con que el arma mantiene viva a su presa.

No te preocupes.

Nunca unas manos dejaron mi piel ilesa.

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