Verano.

 Hay un cuervo en cada una de mis ventanas 

que me trae la soledad desde lugares lejanos

a estos tiempos venideros.
Que cada vez que me asomo

tengo vértigo

al negro vacío de mi existencia.
Que en cada bocanada de aire

seco de verano

mi piel se resquebraja como un desierto

para el cual no hay agua que traigan manos.
Una vez hubo oasis. 
De mis propias lágrimas solo queda el llanto

y la sal en las mejillas

y mis ojos como lupa,

cada vez que miro al cielo

me crecen los incendios.

Ya no queda nadie

que quiera devolverme 

al invierno 

para abrazar mis cenizas.

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