Sobre la productividad

Luego dices que nada llena si no es el trabajo.
Que nada satisface sino la calidad de la acción, la mano de obra,
pero yo no me entiendo símil de fábrica:
aún sin sentarme en el altar de la productividad que es el escritorio
me siento plena.

Tocada por el viento al correr,
llevada a cabo limpieza del cuerpo,
vestida y alimentada a la luz del nuevo día
como besada por ti aunque no estés
como recién nacida
querida y mimada (he aquí el amor propio);
dispuesta a comenzar la vida.

Nada de lo que resta hasta la noche
podrá borrar la realización que ahora siento,
la tarea es sencilla:
seguir llenando un día que ya se me antoja completo.


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