Murallas de (mi) piel

Últimamente, he empezado a sentarme en mitad de mis ruinas a esperar a que me asole la soledad para preguntarle a donde va,

si no quiere pasar un rato enmarañándose en mi pelo,

envolviéndolo todo de nostalgias,

como antaño.

Me he sentado amaneceres enteros junto a mí, con la intención de que al reflejarme en otros escombros sepa que estoy con quien quiero estar: conmigo.

Me he sentado allá arriba, en la cúspide de mis fracasos, de mis intentos de algo hechos trizas y les he puesto nombre para que a Grecia no tengamos nada que envidiarle.

Me he sabido encontrar en cada piedra que se desmorona y he establecido un vínculo emocional conmigo misma; creo que me quiero más que en otros naufragios.

Y ya sé que no será la última vez que me ande buscando entre desiertos.

Y espero que no sea la última vez que me encuentre.

Últimamente me he sentado a reconstruirme con la paciencia de madre que siempre me ha faltado. Y me he visto crecer.

He doblado mis fuerzas.

Creo que hoy puedo declarar que soy un imperio.

Aunque solo lo crea dentro de mis fronteras; y cada día parezca más muralla.

Sobretodo, desde fuera.

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